viernes, 21 de julio de 2017

EL DESARROLLISMO DE LOS 60 EN ALMERÍA Y EL PATRIMONIO QUE PERDIMOS


Almería puede presumir de muchas cosas: su buena ubicación, su buen clima, sus playas, sus paisajes, su gastronomía, su gente, su folclore... y como no, de su historia. Como es lógico, las diversas civilizaciones que han pasado por estas tierras bañadas por la brillante luz del sol y las aguas del Mediterráneo han dejado en sus gentes un carácter y una idiosincrasia única e inigualable que se manifiesta en nuestras tradiciones y folclore. También nos han dejado un legado monumental del que tenemos que sentirnos orgullosos, saber valorar, mantener y divulgar, pues ha sido el claro reflejo de nuestra historia.

Nuestra capital, al igual que otras tantas ciudades mediterráneas ha sido testigo de diversos avatares históricos que la han modificado a lo largo de los siglos. La ciudad de Almería, como puerto más importante de Al-Andalus que fue, atesoró un gran patrimonio monumental que en la actualidad sería muy envidiable. Por supuesto, este sufriría modificaciones tras la reconquista cristiana y poco a poco durante los posteriores siglos, añadiendo con el paso de las generaciones nuevos elementos. Pero es en el siglo XIX, tras varios siglos de decadencia y oscuridad, cuando Almería volvería a brillar con una intensa luz de esperanza. La uva de mesa y la minería trajeron beneficios económicos cuyo reflejo se verían en la trama urbana de la capital almeriense. Pronto apareció una nueva clase social: la burguesía. Fue en esta época cuando Almería se desbordaría de las murallas que la habían contenido durante siglos y empezó una época fascinante para la ciudad, la cual sufrió una gran expansión urbanística hacia el este. Las ansias de progreso y modernidad en lo que era una ciudad pobre, aislada y atrasada se beneficiarían del nuevo gobierno nacional, de espíritu liberal. En este caldo de cultivo, la Almería conventual, heredada del medievo musulmán y de la posterior reconquista de los Reyes Católicos daría paso a la nueva Almería, la Almería burguesa y liberal.

Las murallas, que durante siglos habían contenido y protegido a esa Almería casi medieval serían derribadas prácticamente en su totalidad para 1855. De esta serie de derribos en el sistema defensivo de la ciudad debemos destacar el de la propia mal llamada Puerta de Purchena, una de las principales puertas de entrada al recinto amurallado, que tras su desaparición dejaría el solar que con el tiempo se convertiría en el punto neurálgico de la ciudad que es hoy. Tras las desamortizaciones, muchos terrenos pertenecientes a conventos, como cultivos y huertas, pasarían a convertirse en plazas, como por ejemplo la actual Plaza de San Pedro (Antiguo Convento de San Francisco). La mismísima Iglesia de Santiago estuvo a punto de ser destruída por las medidas desamortizadoras para utilizar sus piedras en la construcción del necesario muelle de poniente del puerto. Afortunadamente, esta joya arquitectónica se libró de tan horrible final. Peor suerte corrieron las atarazanas califales, construídas por Abderramán III, que fueron voladas. Estas atarazanas habían sido el lugar desde el cual, siglos antes, en época musulmana, habían salido grandes navíos de guerra encargados de defender la que fue la segunda ciudad más importante de Al-Andalus y una de las más ricas e influyentes del mundo islámico. De poco sirvieron las quejas procedentes de la Real Academia de la Historia y de algunos ilustrados de la época. No serían pocos los especuladores que se beneficiarían de la construcción de este nueva Almería, surgida entre los escombros de aquella ciudad medieval y conventual de trama musulmana bajo los pies de la bella Alcazaba, que afortunadamente no fue tocada.

La relativa holgura económica de la época permitió que pudiesen desarrollarse ciertas actividades de ocio, como espectáculos, enfocadas prácticamente en su totalidad a la nueva clase burguesa. Acabarían surgiendo los teatros Apolo y Calderón, o el Círculo Mercantil con el emblemático Teatro Cervantes, éste ya en pleno siglo XX. También la Plaza de Toros, construida en 1888 en el tiempo récord de un año, sustituyendo así a la anterior. Además, en este ambiente de deseos de modernidad y progreso también tuvo cabida, por supuesto, el embellecimiento de la ciudad; algunos pequeños ejemplos fueron la instalación de la Estatua de la Caridad o el monumento a los Coloraos.

Paseo de Almería a principios del siglo XX.
 Pgou de 1890, diseñado por Trinidad Cuartara.
Plano de Almería en 1897.

Se crearon nuevas calles, que pronto se extenderían hacia el este y la ciudad se dotaría de agua potable y alcantarillado. De esta época son los ensanches, como el gran bulevar (el actual Paseo de Almería), que sustituiría a la Calle Real como principal vía de la ciudad. Voluminosos edificios de estilo historicista se alzarían en poco tiempo en esta nueva zona de la urbe provincial, convertida en el propio centro de la misma. La burguesía encargaba lujosas y confortables viviendas que sin duda embellecían la ciudad con sus elegantes fachadas. Almería también se acabaría llenando de pintorescas casitas para los obreros, principalmente de las conocidas popularmente como de "puerta y ventana". Respecto a estas, destaca el proyecto llevado a cabo por Cuartara en torno a la zona de la Plaza Pavía, donde incorporará catorce manzanas de casas distribuidas en módulos rectangulares organizados por diez calles. En total se construirían 243 viviendas.También se llevaron a cabo importantes obras, como el encauzamiento de la Rambla de Belén, ante el temor de unas nuevas inundaciones como las que hubo en 1871 o 1888.

A este proceso de crecimiento que seguía vivo una vez entrado el siglo XX debemos algunos de los edificios más emblemáticos de Almería, como la Antigua Estación de Trenes (1890), el Edificio Banesto (1906) la Casa de las Mariposas (1909) o el Teatro Cervantes (1921) entre muchos otros, que de alguna manera simbolizarían el poderío de la creciente burguesía almeriense. Esta esplendorosa época seguiría teniendo su reflejo en el urbanismo y arquitectura de la ciudad gracias a los arquitectos almerienses Trinidad Cuartara y Enrique López Rull, que con sus proyectos sembrarían la capital almeriense de bellos y emblemáticos edificios con sus inconfundibles estilos, principalmente, historicista y también clasicista o neorrenacentista entre otros. Además fueron ellos los que ayudaron a que la ciudad se extendiese más allá del perímetro de las antiguas murallas musulmanas, así como de la reestructuración de los propios barrios que encerraron estas durante siglos.

Años más tarde llegaría la Guerra Civil y la dura posguerra, que dejaron una ciudad bombardeada y sumida en la más absoluta miseria y desolación. Almería se rodeó de un denso cinturón de barrios marginales que daban a la ciudad una imagen de pobreza e insalubridad. En 1940 había más de 2500 cuevas que cobijaban a más de 18.000 personas en barrios como la Chanca, la Fuentecica o el Cerro del Hambre entre otros. Pronto, el franquismo se esforzó en borrar aquella imagen decadente que no iba con la imagen de Nueva España que se quería dar y creó nuevos barrios, como el de Regiones Devastadas, en la Carretera de Ronda en torno a 1944, que ofrecían unas 317 viviendas dignas. También se creó el Barrio de Ciudad-Jardín en 1946, en el levante de la ciudad, con amplias zonas verdes. Este barrio, en un principio destinado a los inquilinos de las cuevas finalmente sería habitado por gente con una mayor renta, principalmente funcionarios y estaría bastante alejado en cuanto a calidad en los materiales de construcción con respecto a las conocidas como casitas de papel, construidas en 1948, cerca de la Rambla Amatisteros, llamadas así por la baja calidad de sus materiales. No había más remedio que reducir los costes y así poder construir más, pues la cantidad de viviendas construidas estaba muy lejos de las necesarias. También se desarrolló y se crearon viviendas en el barrio de San Roque, en el que podemos ver la espectacular escalinata de la iglesia que representa la grandeza Imperial de España, acorde con los ideales del régimen.

 Barrio de Regiones Devastadas, con la icónica torre de la Iglesia de San Isidro.
 Proyecto de construcción del Barrio de San Roque.
 Barrio de Ciudad Jardín con la Iglesia de San Antonio de Padua.

Pero con el desarrollismo de los años 60, surgido por la industralización y el aperturismo internacional de la última etapa de la España franquista, nuestra capital cambiaría para siempre. El aumento de la renta familiar y población (mucha procedente de áreas rurales y que llegaban a la ciudad en busca de una vida mejor) trajo consigo un aumento de necesidad y demanda de viviendas. Desgraciadamente, la ciudad no pudo expandirse hacia levante, como hubiese sido lo normal debido a sus características orográficas que la limitaban por el oeste y norte. La escasa gestión y cesión de suelo urbanizable de forma gratuita al ayuntamiento, sumada a la pésima concienciación de desarrollo urbanístico y conservación patrimonial por parte de las administraciones de la época, hizo que no hubiese más remedio que construir enormes bloques de pisos sobre el solar de antiguas viviendas burguesas u obreras.
 Antigua imagen del Casco Histórico de Almería visto desde la Alcazaba. Sobresaliendo de entre los edificios la Catedral.
 Imagen del Casco Histórico desde la Alcazaba. Podemos ver la Catedral un poco devorada por los edificios de alrededor.

En la década de los cincuenta ya habían empezado a aparecer tímidamente bloques de pisos, alentados por el Plan Prieto Moreno (1950) el cual pretendía que la ciudad pudiese albergar a una población de 200.000 habitantes para finales de los años noventa. Por supuesto nunca se llegó a tal cifra, teniendo la ciudad 166.000 habitantes en el año 2001 (194.000 en la actualidad). También se hablaba de un ambicioso, curioso y desconocido proyecto para muchos almeriense que pretendía la construcción de la Gran Vía Diagonal, que conectase la Puerta de Purchena con la Carretera de Málaga y que pasaría por las faldas de la Alcazaba. Si bien nunca se llegó a realizar por motivos económicos, de haberse realizado, la pérdida de patrimonio decimonónico hubiese sido mucho mayor. También se pretendía reestructurar de forma severa la trama musulmana de la ciudad, para crear una más acorde a las necesidades de la ciudad moderna que se quería construir.

 En 1962, en un pleno municipal se modificaron las ordenanzas de 1950. Un gran error que le costaría a Almería una gran herida sangrante para siempre, pues en este pleno se permitió aumentar la altura de los edificios. A partir de ahí, grandes bloques de pisos de hasta diez plantas que intentaban solucionar el déficit de viviendas se alzarían en pleno casco antiguo de la ciudad, compitiendo en visibilidad con los campanarios de las iglesias de Almería, por aquel entonces únicas protagonistas del skyline de la ciudad junto con la Alcazaba . Aquella Almería horizontal de casas de una y dos plantas empezaba a perder la batalla contra aquel progreso brutal y desmesurado que acabaría dejando un casco antiguo lleno de heridas incurables. No sólo el desarrollismo afectó al casco antiguo, también a barrios construidos en la posguerra, como el de Regiones Devastadas, en el que sus edificaciones, algo rurales e inspiradas en el norte de África dieron paso a las nuevas, que venían de la mano del progreso. También el barrio de Ciudad Jardín vio como se levantaban sobre él grandes bloques de pisos de hasta cinco plantas. Por si fuese poco, la Almería de aquella época se encontraba con algunos obstáculos para su expansión hacia el este, como la propia Rambla, las vías del tren o la zona industrial de las Almadrabillas. Finalmente, la ciudad acabó saltando la Rambla y terminaría rellenando el espacio entre ésta y la Carretera de Ronda, surgiendo así barrios como el de Altamira.

Puerta de Purchena a finales del pasado siglo XX.

Y de estas ansias de progreso nació una nueva Almería, acabándose con aquella Almería horizontal y un tanto pueblerina, de casas bajas con sus típicos terraos. Aquella Almería de calles estrechas y tortuosas llenas de historia y misterio. Así se acabó con una parte de su esencia, de aquella esencia impregnada de puro Mediterráneo que días antes había inspirado a los indalianos e impresionado a Goytisolo. Aquella Almería burguesa e historicista derramada a los pies de la Alcazaba, que de haberse mantenido, algunos aseguran que sería la "Habana del Mediterráneo".

Paseo de Almería en la actualidad. Podemos ver los contrastes entre los grandes bloques de pisos con sus medianeras y alguna que otra vivienda burguesa que aun sobrevive.
Cúpula de la Iglesia de San Sebastián, cercana a la Puerta de Purchena rodeada de bloques de pisos.

Hoy en día, pasear por el centro de Almería es pasear por un casco urbano desordenado y destrozado. Grandes bloques de pisos de dudable y horrible estética y belleza arquitectónica con sus grandes medianeras se alzan hacia el cielo y de vez en cuando cobijan algún que otro resquicio de belleza amenazada que parece suplicar ayuda. Un casco urbano que se aleja mucho de aquella bella Almería de principios de siglo y que de haberse mantenido, hubiese sido una de las ciudades más bellas y peculiares de España. Por supuesto que no se hicieron las cosas bien, pues no se supo tratar de la forma adecuada aquel brutal progreso que llegó casi de un día para otro. Desgraciadamente nunca se podrán arreglar los desperfectos causados. Sin embargo, debemos proteger lo poco que nos queda, aprendiendo de los errores de nuestro pasado para que no se vuelvan a producir en el futuro.

Pero, ¿Realmente se está haciendo todo lo posible por proteger lo que nos queda de aquella antigua Almería?


Antigua imagen de la Iglesia de San Pedro sobresaliendo entre las casas.
 Antigua imagen aérea de la Plaza Puerta de Purchena.
 Antigua imagen de la Plaza Puerta de Purchena, con la emblemática Casa de las Mariposas a la derecha.
 Antigua imagen del Casco Histórico con la Catedral.
Antigua imagen de las casas apiñadas al pie de la Alcazaba.

Guillermo Rodríguez García

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