viernes, 20 de enero de 2017

EL MILAGRO DE SAN ILDELFONSO. FIESTAS EN OLULA DEL RÍO



Cada mes de Enero, los habitantes de la localidad almeriense de Olula del Río se encargan de recoger leña y de proteger las fachadas de sus casas, pues los días 19 y 22 a partir de las diez de la noche tendrán lugar las fiestas del fuego, en la que se lanzan carretillas en el casco antiguo de la localidad, inundando la localidad con un fuerte olor a pólvora. También se encienden hogueras en los diferentes barrios del pueblo, en las que más tarde tendrán lugar comidas.

Durante la mañana del día 20, los patrones del pueblo, San Sebastián y San Ildelfonso, son procesionados desde la iglesia vieja a la iglesia nueva de Olula del Río, en un recorrido en el que los vecinos lanzan roscos mientras discurre la procesión. Esta procesión se repetirá el día 23, esta vez en honor a San Ildelfonso. Sin duda, las fiestas de San Sebastián y San Ildelfonso son unas de las fiestas más espectaculares y destacadas de la provincia de Almería, de hecho, fueron declaradas Fiestas de Interés Turístico Nacional de Andalucía en el año 1998.
Imágenes de ambos santos frente a la iglesia nueva de Olula del Río.
 Imagen de San Ildelfonso bajo una lluvia de roscos.

EL MILAGRO...
La dañada imagen de San Ildelfonso, que se encontraba llena de rasguños, se encontraba sobre una peana a la derecha del altar mayor de la Iglesia de Olula. Eran muchos los vecinos que se quejaban por las perrerías e irreverencias que hacían con el santo durante la procesión de las carretillas, que causaban las risas de la gente. Esta procesión tenía lugar en las vísperas del día de San Sebastián y San Ildelfonso, cuando algunos jóvenes entraban en la iglesia y colocaban al santo sobre sus pequeñas andas, que eran portadas por cuatro hombres. Los portadores saltaban la primera hoguera, donde empezaban a beber y se unían a las fiesta, así sucesivamente en cada una de ellas. Se cuenta que llegaban a colgarle botas de vino al santo.

Se cuenta que en 1920, cuando los jóvenes llegaron  a la hoguera  de la cuesta del Tío Tobías, como de costumbre, dejaron las andas con la imagen de San Ildefonso en el suelo para esperar a que las llamas permitieran saltar la hoguera sin riesgo para los que las sujetaban. Mientras, los portadores se dedicaban a beber y a bailar, llegando un momento en el que ya se les veía andar "haciendo eses" por la borrachera que habían cogido. Cuando la hoguera se fue apagando, los santeros agarraron las andas y tomando carrera. Cruzaron la hoguera con un vertiginoso salto para evitar quemaduras y siguieron corriendo cuesta abajo hasta que las gentes empezaron a gritarles: ¡Que se ha caído el santo!


Seguramente, la tuerca que sujetaba la imagen a la peana debía de haberse aflojado, cayendo el santo a la hoguera. Los portadores, alarmados, rebuscaron con palos entre el fuego, pero allí la talla no estaba. Todo el mundo pensó que la desaparición del santo se trataba de un milagro. Parte del pueblo creyó que el santo había desaparecido de forma sobrenatural para librarse de las irreverencias que le hacían año tras año. Tras lo acontecido, los portadores fueron a la iglesia para dejar las andas, entrando con mucho cuidado para no despertar al cura y así evitar sus reproches.

Al día siguiente, los vecinos descubrieron que el santo se encontraba mirando al cielo sobre el terrado de la casa contigua. Efectivamente, la tuerca se debía de haber aflojado, pero afortunadamente, en vez de caer la imagen sobre el fuego, la imagen saltó por el impulso del salto y cayó sobre el terrado de la casa de al lado, que como las casas típicas del pueblo tenían el terrado cubierto con una tierra impermeable conocida como tierra arroya, que se utilizaba para construir el tejado.




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